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miércoles, 11 de febrero de 2015

Bianchi. Grupo Campagnolo Mirage

Aquí las imágenes de la Bianchi tras el cambio de grupo, como comentamos en el post donde detallé el proceso. Las imágenes expresan el resultado.



















Tras probarla en asfalto urbano sencillamente nos ha encantado esta máquina. Ahora toca que Mila le haga muchos kilómetros.


viernes, 6 de febrero de 2015

Bianchi cambiando componentes

En una publicación anterior, comenté el estreno de la última adquisición por aquellas fechas, una Bianchi de carretera. El plan para modificar esta preciosidad consiste, en un principio, instalarle un triple plato y colocar las manetas integradas.
Después de estar unos días buscando un grupo acorde, veo uno que tiene en venta Aitor Menta en las redes cibernéticas.

Me tienta a pesar de que la bici va montada en gran parte por un grupo similar, pero puesta a poner la Bianchi en condiciones me voy inclinando en colocarle un grupo completo (o casi, ya que el eje de pedalier no está, aunque es un componente que no se vé, tengo que probar si el que tiene llega porque necesitaría uno lo suficientemente ancho para alojar los tres platos). Tras buscar en la red, no encuentro triple plato ni  manetas del grupo Campagnolo Veloce que lleva ahora la Bianchi; así que tras hablarlo con Mila, decidimos colocarle el Mirage. 
Vamos en su busca y quedamos en una tienda que no conocía, Pave y que tras la visita, la recomiendo ya que merece la pena conocerla, nos pilla algo lejos, pero quedar aquí ha sido una bonita oportunidad. La instalación es muy grande, está muy diversificada, montada con buen gusto y con muchos detalles, destacando su línea de ventas en bicicletas de gama media y alta. También ha sido un placer conocer a Aitor, aunque haya sido en un contacto fugaz fué gustoso, ya que veo a menudo por la red los trabajos que hace con las bicis de carretera que prepara.

Asi que finalmente y tras charlar un ratín con Aitor nos hicimos con el grupo, que presenta buen estado de conservación, aunque habrá que desengrasarlo un poco por dentro.


Bueno vamos al lío. Ya tenemos la Bianchi en el caballete de trabajo, echamos un vistazo a lo que hay:

Las herraduras y las bielas son Campagnolo Veloce, un grupo muy similar al que vamos a colocar, Mirage, de geometría prácticamente idéntica, unos gramos más ligeros pero poca cosa. También lleva la bici, cambios clásicos de palanca (sin marca), que se sustituirán por el STI. Como se aprecia en la imagen la bici lleva también componentes del fabricante japonés Shimano: El 105 en la dirección, el cambio trasero Exage 300,  manetas de freno de Exage Action y el eje de pedalier. Estos irán fuera porque vamos a italianizar la Bianchi.
El desviador delantero que lleva actualmente creo que es Nuovo Record (no estoy muy segura). Si el tensor tuviera suficiente amplitud, lo dejaré puesto sino lo sustituiré por el adquirido; habrá que probar a ver si hay suerte... uhmmm!!
Las bielas actuales lleva, con platos 50/39. Al fijarme observo que una biela es de 172,5 y la otra de 170 (?), el plato grande es Campagnolo y el otro es Specialites. Si no hay problema intentaré suplir el plato "clásico" de Campagnolo al triple. Mas adelante sustituiré estos dos (si el BDC me lo permite) en la araña de la Contini que lleva un 52/42. Veremos si sale bien y todo encaja.

Cuando limpie el cambio trasero quedará mas resplandeciente.


Mirando de cerca ambas herraduras se aprecian pocas diferencias. Si tuviera una pequeña báscula podría confirmar que la diferencia esencial se basa en el peso y la calidad de algún tornillo.





Así que lo primero que hago es desmontar las herraduras para limpiar.

Luego el trío de platos  y probar si se acopla sin problema el otro plato de 50 Campagnolo, que irá bien al ser el BDC igual. Compruebo cruzando los dedos a instalarlo en el eje de cuadradillo que lleva la Bianchi de Shimano que aprovecho y saco para curiosear referencia y ancho, por si es necesario tomar medidas.

Y afortunadamente entra!!... pero el desviador Nuovo Record (?) no llega al plato grande a pesar de regular el tornillo del desviador al máximo. Así que coloco el desviador Mirage. Por cuestiones de gustos, prefiero que los componentes luzcan su metal, aunque reconozco que en negro quedan bonitos, el metal visto me gusta más.


Ahora toca cambiar el Exage 300 -que funciona de maravilla- por el Mirage después de un buen limpiado.






Toca sustituir las manetas de frenos por el STI


Para eliminar los resto de goma de la cinta utilizo alcohol y el proceso se me hace un poco tedioso porque los trozos de goma adhesiva se pegan a todos lados (incluído el suelo) y se quedan en todas partes. Hay quien no limpia el manillar cuando sustituye la cinta, imagino que limpiar restos de dos gomas es aún peor. El manillar, un 3T (Tecno Tubi Torino) es de los actuales. Se aprecia por la guía moldeada para acoplar mejor la funda. La cinta elegida es una Fi'zi:k color Bianchi.
No había cableado un STI, pero no es complicado si observas con detenimiento. Antes de hacer el apriete tengo en cuenta la altura a la que voy a colocar la maneta, ya que la postura de los escaladores ayudará a que la carga que soportan las manos mientras se maneja la bici sea mas óptima.
Antes de encintar, sujeto con cinta adhesiva de tela Tesa el cableado para poder hacer el trabajo con mas facilidad.
La cinta al ser un poco mas dura de las que en otras ocasiones he puesto y el curvado irregular que tiene el manillar hacen laborioso el encintado a mi gusto.

En el siguiente post colgaré el trabajo terminado.
(aqui)

martes, 29 de julio de 2014

Como subir El Portillón y no morir en el intento

Servidora hace años montaba en bici algo más de lo que lo hago ahora y durante varios fuí seguidora del Tour en vivo. En aquellos tiempos mis piernas sumaban unos 12000 kilómetros anuales, la mayoría rodados por asfalto. Gracias a ese "entrenamiento", he disfrutado y sufrido muchos  llanos y puertos de montaña de Málaga y su preciosa provincia, además de recorrer miles de km de la Península Ibérica por Cantabria, Galicia, Portugal, Andorra, Euskadi, Navarra, Cataluña y también por Francia haciendo cicloturismo de alforjas.
Guardo muy buenos recuerdos de esos kilómetros paisajísticos y urbanos, del esfuerzo cuando empecé a rodar, del sudor salado que se te cuela por los párpados y pica, de la canícula (como llaman los franceses al calor), de los grandiosos decorados que la naturaleza te ofrece, de las tormentas, de alguna que otra pájara, y de muchas otras cosas que la bicicleta me ha regalado.
Quizá y con el paso del tiempo mi memoria ha amoldado a su capricho lo que pudo ser la realidad, pero sea lo que fuere ahí está, se vivió y en el desván de la vivencia habita. No obstante, por suerte y gracias a la fotografía, tengo cientos de diapositivas de los picos, valles, lugares y etapas de viajes y de los Tours de Francia pretéritos de los que he disfrutado, que por cierto entre mis tareas pendientes está el digitalizarlas y puede que plasme algún día esa recopilación en un blog, junto a las bitácoras que escribía por entonces y de esa manera rescatarlos de la caja de cartón donde esperan pacientes.


Pero bueno, todo esto pertenece al siglo XX y ahora con un palito adyacente en la pareja de equis,  Mila y yo pretendemos disfrutar en vivo un cachito de una etapa de la CI edición del Tour de Francia, concretamente la 17º, que parte de Saint-Gaudens hasta Saint-Lary.

Para empezar a hacer realidad el plan previsto y dado que residimos en Barcelona contamos solamente con una bici, una Contini con la que se hizo Mila hace algo más de un año en Vitoria, que va montada en Shimano 105 salvo las manetas integradas y el desviador delantero que son del modelo Sora.
Y como en el plan de ir a ver la citada etapa está también superar el reto de subir el Portillón, nos falta una bici.
En un ataque de locura, se nos ocurrió escalar el puerto con las Brompton... pero por fortuna sólo fué un ataque temporal. Luego barajamos la posibilidad de pedir una... pero me surgieron dudas sobre la persona valiente que nos cediera su velocípedo unos días, entre otras cosas no era fácil encontrarla porque no somos de talla mediana y, además, me daba cierto reparo comprometer a nadie. Así que intentamos buscar alguna alquilada y tanteamos varias tiendas, pero no avanzamos en la solución. A todo esto unas semanas antes ya habíamos realizado reserva en un lugar muy majo -Hostal Pensión Malida- en Casau, un pueblín chiquito y precioso en el Valle de Arán, muy cerca de Viella y tuvimos suerte, porque no fue fácil encontrar alojamiento ¡¡estaba casi todo reservado!!
Así que dándole vueltas al asunto en otro ataque decidí lanzarme a la red y visionando bicis que se movían en mercados de segunda mano y aparecieron, entre otras, dos preciosidades una Bianchi y una Vitus, ambas de nuestra talla.
Con el fervor y la manta liada a la cabeza, consultamos a los vendedores, (de casual supe que la Vitus había sido no hace mucho vendida por Sppunny Bcn al actual vendedor, al cruzarme mensajes con Sppunny mientras andaba en la búsqueda del velocípedo). Finalmente nos decantamos por ir a ver a la Bianchi hasta Vallromanes. La coincidencia hizo que Juande y Sandra se encontraran en Barcelona ese fin de semana y allá fuimos los cuatro a verla. En esa localidad barcelonesa conocimos a Lluis, todo un amante de las bicicletas que amistosamente deleitó nuestras retinas mostrándonos sus bicis y contando cosas interesantes. Después de charlas un rato con él y convencidos por mayoría elegimos la Bianchi, y aquí la presentamos:
Dando el Vº Bº


Esta preciosidad viene montada en un combinado de Campagnolo Veloce y Shimano 105, Exage y 300 que tras probarla nos encantó, dejando a un lado la Vitus que por razones de componentes, geografía y economía al final descartamos, a pesar de su atractivo cuadro.
Así y con ya con dos bicis para dos, lo que nos quedaba era dejar caer las hojas del calendario y esperar la fecha esperada para ir hacia Casau y lanzarnos a la locura aventura: Ver la etapa desde el puerto de El Portillón en su vertiende hispánica, aprovechando que el trazado de la ronda gala se introducía a este lado de la frontera durante unos 15 km. Días antes le mostré a Mila el perfil del puerto y con una seguridad que me asombraba, dijo que sí, que lo subiría. Servidora que como al principio de este post comenté, no rueda ni la cuarta parte de lo que antes hacía, realmente le tenía cierto yuyu, simplemente porque mi Pepita Grillo particular me martilleaba recordaba la falta de rodaje y que el perfil -aunque no excesivo ni complejo- tampoco era "moco de pavo"; para mis adentros y comparando era algo así como La Fuente de la Reina o Puerto del León, uno de los puertos que más he subido a lo largo de mis rodadas, pero con menos kilometraje. Pero ya no había marcha atrás y, a lo hecho pecho.
La Contini cuenta con un 52/42 de platos y la Bianchi un 50/39, ambas con nueve piñones 12/25.

Llegamos un día antes tras disfrutar conforme nos introducíamos en el pre Pirineo de un paisaje espectacular, y al llegar al Parador de Viella vimos que el equipo del Katusha se hospedaba allí; andaban en plena acción, lavando sus trapitos en la lavadora que tenía instalada en el autocar, mientras los auxiliares del equipo marcaban la zona de reserva -con unos magníficos soportes de bici- para el resto de los vehículos del equipo que llegarían a lo largo de la tarde, tras la etapa del día.

La cantidad de vehículos que mueve el Tour es impresionante, sin contar la caravana publicitaria previa que es una especie de circo de marketing que viste de pequeños obsequios y demás a parte del público (los más espabilados) que esperan la llegada de los corredores a ambos lados de la vía.
Ya instaladas planificamos como hacer la salida al día siguiente. De haber estado rodadas lo suyo hubiera sido salir desde Viella, calentar un poco (aunque el tramo hasta el cruce de Bossost es un poco cuesta abajo) y luego subir el puerto, pero al no ser así, acordamos hacer la cosa algo más corta y... radical: Subir desde el cruce, y digo radical porque ni siquiera calentamos un poco y mi antiguo hábito (y opino que lógico) al escalar un puerto era rodar un poco y luego subir, para que las piernas estén menos frías y evitar que sufran tirones... pero de vez en cuando es bueno hacer locuras varias ;-)
Bajamos en auto hasta Bossost, después de un buen desayuno en el hostal, y por el camino ya veíamos decenas de aficionados en bici, coches de la caravana de la Grande Boucle, prensa y de demás medios. Conforme nos acercábamos la cosa seguía creciendo sin parar. Aparcamos en una explanada llena de autocaravanas y de coches con bacas que portaban bicis, el ambiente olía alegre.

Descargamos y montamos nuestras bicis, nos disfrazamos de sucedáneas de cicloturistas -con avituallamiento y ropa seca incluída a nuestras espaldas- y allá fuimos, hacia El Portillón, siguiendo la estela de ciclistas y aficionados que tomaban la misma dirección.

Muchos de los puertos pirenaicos tienen señalizados los kilómetros de ascensión con carteles informativos con datos de las subidas donde se expresan los porcentajes de pendiente máxima y media en ese km, la altitud a la que está ese punto kilométrico y la longitud que resta hasta la cima. A veces es buena la información...y si vas hecha una piltrafilla es malo saber que te esperan pendientes del 12% y que tienes que superar.
Cuando las volví a ver recordé que hace unos quince años (ahí es ná), cuando dirigía una asociación llamada Ruedas Cuadradas en Málaga presentamos ante la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga este proyecto, -la señalización de la escalada a La Fuente de la Reina (900m) en la C345- que fué aprobado e incluso subvencionado en parte. El equipo de Ruedas Cuadradas realizó las mediciones de kilometraje, (marcando como partida un punto kilométrico que estaba cerca de la antigua gasolinera que se ubicaba en el barrio de Fuenteolletas), de altitud en cada km, pendientes (máxima y media) y demás, diseñamos la cartelería y toda la parafernalia documental del proyecto, etc, etc... y el jarro de agua fria llegó cuando una vez hecho todo el trabajo la propia Junta de Andalucía desde su departamento de carreteras nos impidió la colocación de dichas señales justificando que éstas podían confundir a los conductores... parece mentira pero no lo es. Lamentablemente las señales se quedaron compuestas y sin monte en el almacén. Una pena, pero los despropósitos burocráticos y administrativos viene siendo un mal mayor en este país desde hace mucho tiempo.
Al igual que años atrás viví in situ vuelvo a ver que horas antes, en los laterales por donde transcurre la caravana multicolor hay gente sentada esperándola pasar, animando a los ciclistas que discurren por ella -con más o menos fuelle-, y desde sus asientos ven a los máquinas subiendo con la bici a toda pastilla, a aficionados, beteteros, cicloturistas, globeros... y a nosotras ahí, dándolo todo y Mila disfrutando (y sudándolo) también. Vivir estos eventos sociales y deportivos es una gozada, el ambiente ciclista emana por los poros de los que nos hallamos allí y por muy duras que se hagan algunas de las pendientes, ese espíritu invisible alienta, y por otro lado los retos personales de cada uno. Superarse es cuestión de paciencia,  tesón, entrenamiento, respiración, pulmones y de agarrarse al ritmo preciso para llegar.
En amor a la verdad, entre el estado nefasto de forma, la edad, la multiplicación y demás, Mila y yo cambiamos la bici varias veces. A estas alturas no voy a decir que lo hice de un tirón, sinceramente no sé hubiera podido (quiero pensar que sí) pero cuando ví que mi pulsómetro se puso al 105/110% de mi frecuencia cardíaca máxima, paraba, -no era plan de que me diera un yuyu-, aprovechaba para recuperar un ritmo decente y esperar a Mila, que tozuda como navarra que es, subía a su ritmo poniendo toda su ilusión en cada pedalada... aunque echara(mos) pie a tierra, es una gran mérito para una ciclista urbana meterse en este berengenal... más que el mío, que duda cabe. Al final llegamos.

Aquí servidora, con un maillot prueba confeccionado en un principio para el Premio de la Montaña de la XLV Vuelta Andalucía Ruta Ciclista del Sol , que la familia Cuevas los organizadores de la ronda andaluza -Deporinter- me regalaron su día, allá en 1999.

Mila con su maillot calavera y servidora
Después de avanzar unos metros por el lado francés, saludar a la Gendarmerie Francaise, hacernos las fotos de rigor, admirar algunas llegadas de aficionados a meta picándose entre ellos, e incluso ver un chico y una chica que ya habían subido con sendas bicis de piñón fijo (bufff, que pasada), bajamos un poco para buscar nuestra localización más idónea y ver a los profesionales de la ruta escalar El Portillón como lo que son ¡¡grandes!! y nos ubicamos a poco mas del último kilómetro antes de coronar el puerto, pegadas a una curva de marcado desnivel. Imagino que no era mal sitio, ya que minutos antes de que pasara el grupo de cabeza en carrera  -donde iba Joaquín  Rodríguez, testimonio audiovisual que recogimos- en el interior de la curva pudimos ver como desembarcaba de la moto de prensa un fotógrafo, al verlo más detenidamente lo reconocí, era el gran fotógrafo de ciclismo Graham Watson
Años han pasado desde la última vez que lo ví en acción aunque ahora anda con menos pelo y más canas. Watson se posicionó presto y dispuesto a inmortalizar con sus magníficos encuadres las instantáneas de esos momentos tan fugaces como espectaculares del ciclismo. 
Graham Watson en faena
Como amante del ciclismo y de la fotografía tengo varias publicaciones suyas, de los años 90 editadas por Ciclismo a Fondo, donde además de disfrutar de sus preciosas fotografías tenía la oportunidad de estudiar y ver en detalle las aperturas de diafragma, velocidad de obturación y, en aquellos años, la sensibilidad de los rollos de las películas de negativo que utilizaba.

Desde el otro lado de la curva y, salvando la distancia de seguridad, tomamos algunas fotos de la etapa.

Nuestras bicis al fondo, Scarponi,  Nibali y pelotón


Sieberg, Smukulis, Greipel y Feillu
Arrière du peloton
El Tour como las grandes vueltas ciclistas son unos de los pocos espectáculos deportivos que te permiten tener a tus ídolos deportivos cerca, a veces a menos de un palmo de distancia, e incluso en ocasiones mientras el ciclista está realizando un esfuerzo pleno. Las vueltas con sus trazados diversos nos dan la opción de elegir el asiento; estas oportunidades que ofrece el ciclismo en ruta se incrementan con que además,es gratis. Estos alicientes convierten la celebración deportiva en eventos únicos.
Por contra y según lo que he podido presenciar en alguna ocasión, ciertos "aficionados" a este deporte no tienen conciencia de estas oportunidades y lamento ver como algún "aficionado" puede llegar a atosigar a un deportista cuando éste está en pleno esfuerzo y además pueda llegar a cerrarle el paso,  ya sea por hacer la foto-móvil (llamar a mamá), intentar tocarlo ó lucirse ante la cámara de TV. No comprendo esa metamorfosis "de espectador a protagonista" que pretenden ante las cámaras. Ante estas circunstancias que empañan el espectáculo deportivo, ya han tenido que tomar medidas disuasorias, y es que durante el paso de la caravana publicitaria vimos como más de cinco coches repartidos a lo largo de ésta, mediante megáfonos, explicaban medidas de seguridad esenciales dirigidas al estimado público y que son de perogrullo.
Esto antes no existía, pero claro, cuando yo veía el Tour, la Vuelta y la Vuelta a Andalucía, no había móviles y quizá menos salvaje... quizá.

En fin, después del disfrute  tras el paso de la carrera y todos los coches de equipo tocaba el regreso, bajar el puerto y localizar un barecito donde poder ver el final de etapa. 

El pelotón de aficionados que subió en bici comienza a lanzarse en bajada, las sillas de camping a desmontarse, las autocaravanas a desmontar banderas, toldos, mesitas, sombrillas y demás tinglados, muchos excursionistas a pie a pasear por las lindes de la carretera recién asfaltada (aún se percibía el aroma/tufo del alquitrán) y había que aprovechar los minutos de carretera cerrada para disfrutar del descenso y sentir la tensión en las manos cuando pretendes frenar la velocidad que te aporta la pendiente inversa.
El objetivo mental es abandonar ciertos hábitos, hacer más kilómetros y atrapar mejor la forma. Las bicis se portaron mejor que nosotras y mientras perseguimos el objetivo deseado, toca optimizarlas más... Es el plan que elaboramos mientras regresamos a Viella.